Víctimas del poco importa.
¿Qué hay en tu carne? Lo que comemos depende del agua y la tierra que la vio nacer.
No es alarmismo. Es realidad. En las últimas semanas, en distintas zonas de Panamá, se han reportado contaminaciones graves del recurso hídrico y del suelo: pesticidas, agroquímicos y metales pesados donde debería haber vida.
Y aunque parezca un tema lejano, tiene todo que ver con lo que ponemos en el plato. Porque no puedes separar el alimento del ecosistema que lo produce.
Si el agua está contaminada, la carne también lo estará.
El agua no es solo lo que tomamos. Es lo que bebe el ganado. Es lo que riega los pastos. Es el primer eslabón de toda cadena de vida. Si esa agua lleva residuos tóxicos, tarde o temprano eso se filtra en los animales, en la carne, en nosotros.
Lo mismo ocurre con el suelo: una tierra intoxicada no puede dar alimentos sanos. Puede producir volumen, pero no salud. Puede verse verde, pero estar vacía por dentro.
No hay carne limpia sin campo limpio.
En Boquete Meats creemos que la trazabilidad empieza antes del animal. Empieza en la tierra, en el agua, en la forma en que tratamos el entorno. No usamos feedlots industriales. No criamos con antibóticos ni hormonas. No trabajamos con ganadería intensiva que erosiona la tierra.
Cuidamos el campo porque sin campo sano, no hay carne real.
Lo invisible también se come.
Pesticidas, mercurio, metales pesados… No los ves, pero están. Se acumulan. Se heredan. Se sienten. Y la única manera de evitarlos es exigiendo alimentos con origen claro, con producción consciente, con respeto por el ecosistema.
La salud empieza en el suelo. Y en Boquete, eso lo tenemos claro.
Cada vaca que criamos, cada pasto que sembramos, cada gota de agua que usamos, lo hacemos con la conciencia de que estamos alimentando personas, no solo estómagos.
Y eso no se negocia.