Ni Leche, Ni Carne.

La leche de almendra no es leche. La carne de soya no es carne. Y eso importa.
Vivimos en una era donde lo “alternativo” suena más saludable que lo real. Donde lo procesado se disfraza de natural, y donde, muchas veces, terminamos eligiendo con culpa lo que el cuerpo en realidad necesita: comida de verdad.
Y es que, aunque los nombres suenen parecidos, hay una diferencia enorme entre un alimento completo y uno que imita.
¿Leche de almendra? No, es agua sabor almendra.
La llamada “leche” de almendra no es leche. Es el resultado de triturar almendras, mezclarlas con agua, y colarlas hasta que queden apenas unos residuos flotando. En muchas versiones comerciales, ese líquido contiene más aditivos, estabilizantes y azúcares que almendra real. En otras palabras: no es leche, ni de cerca.
La leche de vaca, por otro lado, es un alimento completo. Rico en grasas buenas, calcio, proteínas, vitamina B12. Es un producto que ha alimentado generaciones enteras, directo del animal al vaso.
La carne de soya: un invento disfrazado de asado.
La “carne” de soya no nace en el campo, sino en una fábrica. Es el subproducto del proceso industrial del aceite de soya: un residuo que se seca, se hornea, se texturiza y se rehidrata para que parezca carne.
Pero parecer carne no es ser carne. No tiene la densidad nutricional, ni el perfil de aminoácidos, ni la biodisponibilidad de una carne real. Lo que tiene, muchas veces, son aditivos, saborizantes, colorantes y una buena dosis de marketing.
No se trata de atacar, sino de entender.
Este no es un post para culpar ni señalar. Es un llamado a despertar. A mirar con más atención lo que ponemos en la mesa. A dejar de temerle a los alimentos reales por modas pasajeras o narrativas incompletas.
Si tu cuerpo necesita carne, no está mal comer carne. Si tu hijo necesita leche, no está mal darle leche. Lo importante es que esa carne venga de un animal bien criado, con respeto. Que esa leche venga de una vaca cuidada, bien alimentada. Que sepamos de dónde viene lo que nos nutre.
Elegir bien no siempre es elegir lo nuevo. A veces es volver a lo esencial.
Comer carne no es el problema. El problema es no saber de dónde viene.
Tomar leche no es el problema. El problema es tomarla sin conciencia.
Y sustituir lo real por lo procesado, solo por moda, puede costarnos caro.
Christian Harris
Ganadero y fundador de Boquete Meats